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Categoría: Blog Registros Akáshicos
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En la Edad Media, la quintaesencia (del latín quinta essentia) era un elemento hipotético

Esta quintaesencia también denominado éter (del latín æthēr y éste del griego αἰθήρ aithēr, cielo, substancia etérea y parte más alta del firmamento). Conocido en épocas presocráticas como el quinto elemento, se le consideraba a menudo junto con los cuatro elementos clásicos de la naturaleza: tierra, agua, fuego y aire. La energía del éter es la fuerza que fluye constantemente desde las profundidades del Universo, uniendo al hombre con la Creación.

El éter, o la quintaesencia, era una hipotética sustancia extremadamente ligera que se creía que ocupaba todos los espacios vacíos como un fluido. Más tarde fue usado por los físicos del siglo XIX como sustrato para la propagación de las ondas de luz, de la misma manera que el sonido se propaga en un cuerpo material, o las ondas en el agua, ya que parecía inconcebible que una onda se propagara en el vacío sin soporte material.

El quinto elemento también fue mencionado en la filosofía hindú antigua.

En la India, el éter es conocido como akasha. En la cosmología sankhya se habla del pañcha mahā bhūta (cinco elementos principales), cada uno ocho veces más sutil que el anterior: Tierra (bhumi) Agua (apu). Fuego (agní). Aire (vāyu). Éter (ākāśa). Samkhya o Sankhya es una de las seis escuelas de filosofía hindú āstika, principalmente relacionada con la escuela de yoga del hinduismo.

Fue ampliamente difundido en China y la India, donde constituye la base tanto del budismo como del hinduismo.

Aparece en los espacios huecos del cuerpo humano, incluido el centro de la columna espinal, las venas, las arterias, los nervios, los órganos internos y las distintas cavidades corporales, representan el elemento éter. Los tres polos eléctricos del cuerpo asociados al éter son: la cabeza (+), el sacro (neutro) y el arco plantar de los pies (-).

El éter es una substancia extremadamente ligera que ocupa todos los espacios vacíos como un fluido. En las Ciencias Ocultas, el éter atrae y favorece el pensamiento mágico y todo lo relacionado con la espiritualidad y el misticismo.

El Éter era el alma del mundo y toda la vida emanaba de él. Éter es la energía de la que somos hechos con la que estamos conectados.

Chamanes, indios, brujos antiguos (mediante rituales se conectaban a esta energía y podían pedir pequeños favores como curar a alguien de alguna enfermedad no muy grave), quien recuerda a los indios con sus danzas de la lluvia para atraer el agua, algo que sonaba bastante loco ahora no lo suena tanto, mediums conectados a esta esencia pueden hablar con gente en otro lado o incluso gente muerta.

Para algunos alquimistas el éter era la quinta esencia o quinto nivel de vibración. Según Aristóteles el éter es una substancia divina e indestructible, su espacio natural son los cielos, donde se forman las estrellas y otros cuerpos celestiales, el éter era el material del que se componía el llamado mundo supralunar, mientras que el mundo sublunar se compone de los cuatro elementos conocidos: tierra, agua, aire y fuego.

A diferencia de éstos, el éter era, para Aristóteles, un elemento más sutil y ligero, más perfecto que los otros cuatro (la física de Aristóteles es cualitativa, más que cuantitativa) y, sobre todo, su movimiento natural es circular, a diferencia del movimiento natural de los otros cuatro, que es rectilíneo.

Durante la Edad Media el término éter, precisamente porque es el quinto elemento material reconocido por Aristóteles, comenzó a ser llamado el quinto elemento, o también qüinta essentia, de donde proviene la expresión quintaesencia (utilizada en la cosmología actual para referirse a la energía oscura).

De hecho, se utilizó en una de las primeras teorías de la gravitación publicadas por Sir Isaac Newton, llamada Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica (la Principia). En su obra, Sir Isaac Newton basó toda la descripción del movimiento planetario en una ley teórica de interacciones dinámicas. Como se señala en “Las opiniones de Newton sobre el Éter y la Gravitación”, Newton renunció a los intentos de explicar esta forma particular de interacción entre cuerpos distantes introduciendo un mecanismo de propagación a través de un medio intermedio y llamó a este medio intermedio el Éter.

Además, Newton describe el éter como un medio que “fluye” continuamente hacia abajo hacia la superficie de la Tierra y es parcialmente absorbido y parcialmente difundido. Esta “circulación” de éter es a lo que asoció la fuerza de la gravedad para ayudar a explicar la acción de la gravedad de una manera no mecánica.

Nikola Tesla, una de las mentes más grandes que ha vivido en la Tierra, también hizo referencia al dicho de Éter: “Toda la materia proviene de una sustancia primaria, el éter luminífero”

¿De dónde proviene pues esa densidad de energía de vacío, ese éter o quintaesencia, esa energía oscura, responsable de la aceleración actual del universo? Nadie lo sabe. Es uno de los mayores misterios no sólo de la Cosmología, sino de toda la Física, ya que permea todo su edificio conceptual: la relatividad, la gravitación, la cuántica y la termodinámica.

Algunos postulan que su resolución podría abrir las puertas a una nueva revolución en Física, al descubrimiento de los principios fundamentales de la gravedad cuántica. Por el momento sólo podemos medir la magnitud de la constante cosmológica y compararla con las predicciones que la teoría cuántica hace sobre el valor de la energía del vacío.

La Ciencia, a través de los resultados obtenidos en el Acelerador de Hadrones de Ginebra, ha constatado la existencia de algo tan remoto como lo que los griegos clásicos llamaban éter, hoy renombrado el propio de Campo de Higgs, en el que el Bosón de Higgs es su quanto. Han confirmado científicamente- la existencia del Quinto Elemento (agua, tierra, aire, fuego y éter -o Campo de Higgs-), la quintaesencia que trató de comprender Empédocles y que predefinió Platón, la substancia primordial que defendía Aristóteles, la naturaleza perfecta que intentó describir Salomón o el elemento primordial que Hugo de Santalla definió en el s. X en su “De secretis naturae” como “un elemento primordial en forma de calor o espíritu ígneo, de sutil consistencia material, que está presente en todo el universo, dotándolo de movimiento, comunicando sus partes y que es capaz tanto de formar como de descomponer cualquier sustancia natural.“

La energía del éter es la fuerza que fluye constantemente desde las profundidades del Universo, uniendo al hombre con la Creación. En las Ciencias Ocultas, el éter atrae y favorece el pensamiento mágico y todo lo relacionado con la espiritualidad y el misticismo. El Éter era el alma del mundo y toda la vida emanaba de él. Éter es la energía de la que somos hechos con la que estamos conectados y ahí radica la información de lo que somos y nuestra historia en el paso por los tiempos